Conservación de las plantas medicinales

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Para poder conservar las plantas medicinales durante algunos meses, manteniendo sus propiedades medicinales, es necesario seguir algunas pautas durante la recolección, secado y almacenamiento. Hoy entramos con un poco de detalle en algunos consejos para realizar estas etapas correctamente.

Para empezar, es importante que la recolección de las plantas medicinales se haya realizado correctamente, según vimos en su momento:

Es fundamental que las hojas y las flores no estén húmedas ni por la lluvia ni por el rocío. Para ello, conviene haberlas recogido por la mañana, antes de que llegue el calor máximo del día.

En cuanto a las raíces, conviene lavarlas para que se vayan los restos de tierra y cortar las hojas que les puedan quedar adheridas. Se puede, y se debe, cortar las raíces en trozos o rodajas para facilitar el secado.

Conservación de las plantas medicinales

Veamos pues algunos consejos a tener en cuenta durante las diferentes etapas:

Secado

El secado debe ser tan rápido y regular como sea posible y debe realizarse en un lugar oscuro y ventilado puesto que la luz solar puede deteriorar algunos principios activos de interés. Lo ideal sería secar las plantas a una temperatura constante de 32º, aproximadamente, puesto que si hace demasiado frío ambiental, por debajo de 22º, las plantas vuelven a absorber la humedad del aire y demoran su secado.

El lugar ideal para el secado es una habitación o un cobertizo sombreado, bien ventilado, donde no haya condensación ni humedad. Lugares que guardan algo de humedad como cocinas, lavaderos, garajes o en el baño son poco adecuados pues las plantas no se secarán como es debido. Una sala de calderas, sobre una estufa o un horno a temperatura constante y con las puertas (de la habitación de secado) abiertas para que circule el aire, también son buenas opciones.

Dentro de las casas, o en climas cálidos en el exterior, se suelen colgar manojos de plantas medicinales atados por los tallos a vigas o ganchos aunque este método da lugar a resultados algo imprevisibles por las variaciones de temperatura entre el día y la noche. Siempre a la sombra, por supuesto.

Se obtienen resultados más fiables extendiendo ramitos sueltos de las plantas, los trozos de corteza o de raíz, o las semillas sobre una bandeja, una malla de alambre, la tapa de una caja u hojas de papel o muselina. Conviene dejar bastante espacio entre las partes de las plantas, para que el aire circule libremente, y darles la vuelta con frecuencia: una o dos veces el primer día, una vez al día a partir de ahí.

Las plantas con hojas grandes se secan antes si se retiran los tallos carnosos primero.

Hay que secar siempre cada planta por separado.

Antes de guardar las plantas medicinales hay que asegurarse de que están bien secas. Un buen método para detectarlo es comprobar que estén quebradizas y crujientes cuando las apretamos con los dedos. Si guardamos las plantas antes de que estén secas, absorberán humedad de la atmósfera y se deteriorán. La mayor parte de las plantas medicinales tardan entre 3 y 7 días en secarse.

Almacenamiento

Antes de guardar las plantas hay que retirar los tallos y ramas de las partes aéreas. En caso de las raíces, rizomas y cortezas conviene dividirlas en trozos menores.

Cuando tengamos las plantas medicinales almacenadas es fundamental que no les llegue la luz, pues, como dijimos, puede deteriorar algunos componentes medicinales. Por ello, sin conservamos las plantas en tarros de cristal, deben estar en un armario o lugar oscuro. Otras opciones son las cajas de madera o cartón, los recipientes herméticos y oscuros o las bolsas de papel. Nunca se deben guardar las plantas medicinales en bolsas de plástico pues éste fomenta la condensación.

Las semillas se pueden guardar en paquetes en la nevera o en tarros herméticos.

Hay que etiquetar bien las plantas, con su nombre y fecha de almacenaje.

Congelación

Algunas plantas medicinales se pueden congelar bien, sobre todo las de hojas blandas como la melisa, la albahaca, la mejorana, la menta, el perejil o el cilantro. Se recogen las hojas o flores, se lavan, se secan y se secan y se congelan en bolsas de plástico pequeñas perfectamente etiquetadas.

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